La factura de AWS tiene una particularidad: casi nunca sube de golpe. Crece un poco cada mes, sin que nadie haya tomado una decisión concreta, hasta que alguien en administración pregunta por qué la nube cuesta ahora bastante más que hace un año.

La explicación casi siempre está en el modelo de pago por uso. En AWS pagas por cada recurso mientras existe, lo uses o no. Si nadie revisa la cuenta, lo que se crea y no se borra se queda en la factura para siempre.

Las causas más habituales

Recursos que nadie apagó

Servidores de pruebas que se montaron para un proyecto y siguen encendidos, discos (volúmenes EBS) que quedaron sueltos al borrar una máquina, instantáneas antiguas que se acumulan o balanceadores de carga que ya no dan servicio a nada. Uno a uno son importes pequeños; juntos, y mes tras mes, no.

Máquinas más grandes de lo necesario

Es muy común elegir el tamaño de una instancia “por si acaso” y no volver a revisarlo. Si un servidor trabaja la mayor parte del tiempo muy por debajo de su capacidad, estás pagando la máquina entera por un uso pequeño. Ajustar el tamaño al consumo real suele ser uno de los ahorros más rápidos.

Entornos de pruebas encendidos 24/7

Los entornos de desarrollo y preproducción rara vez necesitan estar encendidos de noche y los fines de semana. Programar su apagado fuera del horario de trabajo reduce mucho su coste sin que nadie lo note.

Tráfico de salida y NAT Gateway

AWS no cobra por los datos que entran, pero sí por los que salen a internet y por buena parte del tráfico entre zonas y regiones. Un NAT Gateway, además, cobra por hora y por cada gigabyte que procesa. Una aplicación que descarga muchos datos o una arquitectura mal repartida entre zonas puede generar un gasto que nadie esperaba.

Direcciones IP públicas

Desde febrero de 2024, AWS cobra por todas las direcciones IPv4 públicas, estén asociadas a un recurso o no. Las IP elásticas reservadas y olvidadas son un clásico de las cuentas que nadie revisa.

Almacenamiento en la clase equivocada

Copias, registros y archivos que casi nunca se consultan no tienen por qué estar en la clase de almacenamiento más cara. S3 ofrece clases más baratas para datos poco usados y reglas de ciclo de vida que mueven o borran los datos automáticamente. Lo mismo pasa con los registros de CloudWatch: si se guardan sin fecha de caducidad, no dejan de crecer.

Precio bajo demanda para cargas estables

Si tienes servidores encendidos todo el año con un uso constante, pagarlos a precio bajo demanda suele ser lo más caro. Para esos casos existen los compromisos de uso, que explicamos en instancias reservadas vs. Savings Plans.

Cómo encontrar el motivo en tu cuenta

  1. Abre Cost Explorer y agrupa por servicio. Verás en qué se va el dinero y qué servicio ha crecido más en los últimos meses.
  2. Baja al detalle del servicio que más pesa. Agrupa por tipo de uso o por región para ver si el gasto viene de máquinas, discos, tráfico o almacenamiento.
  3. Etiqueta los recursos. Sin etiquetas por proyecto, entorno o cliente es imposible saber quién genera cada gasto.
  4. Crea presupuestos con alertas. AWS Budgets te avisa cuando el gasto previsto supera el límite que fijes, antes de que llegue la factura.

Hacerlo una vez no basta

La mayoría de estas causas vuelven a aparecer con el tiempo, porque la cuenta sigue cambiando. Por eso conviene revisar la factura de forma periódica, no solo cuando ya ha subido. Lo contamos con más detalle en cómo reducir la factura cloud de tu empresa.

En Alenia Systems hacemos auditorías FinOps de cuentas de AWS y Google Cloud con un acceso de solo lectura: analizamos la factura y el uso real de cada recurso y te damos un informe con el ahorro estimado y las acciones priorizadas. Si quieres un primer vistazo, pide una revisión gratuita.