Si preguntas en una pyme quién tiene acceso a su cuenta de la nube, la respuesta suele ser algo como “el proveedor que nos la montó, el informático que estuvo hace dos años y creo que alguien más”. Y casi siempre con permisos de administrador.

No es un problema de mala fe, sino de orden. La cuenta se creó deprisa, se fue dando acceso a quien lo pedía y nadie lo ha revisado desde entonces. El resultado es que cualquier contraseña filtrada de cualquiera de esas personas abre la puerta a toda tu infraestructura.

Los problemas más habituales

Una cuenta compartida para todos

Un mismo usuario y contraseña que usan varias personas. No sabes quién hizo qué, no puedes quitarle el acceso a una sola persona y, si la contraseña se filtra, no hay forma de saber por dónde.

Todo el mundo es administrador

Es lo más cómodo: nadie se queda bloqueado. Pero significa que un error, un descuido o una cuenta comprometida puede borrar servidores, copias de seguridad o datos de clientes.

La cuenta raíz en uso diario

La cuenta principal con la que se dio de alta el servicio tiene poder absoluto sobre todo, incluida la facturación y el cierre de la cuenta. No debería usarse para el trabajo diario.

Claves de acceso que nunca caducan

Las claves que usan los programas y scripts para hablar con la nube se crean una vez y se olvidan. A veces acaban en un repositorio de código, en un correo o en el portátil de alguien que ya no está.

Gente que se fue y sigue dentro

Antiguos empleados, proveedores que terminaron su trabajo, cuentas de prueba. Nadie las dio de baja.

Cómo ordenarlo sin complicarte

  1. Una cuenta por persona. Cada uno entra con su usuario. Así puedes dar y quitar acceso de forma individual y saber quién hizo cada cambio.
  2. Doble factor para todos. Es la medida que más riesgo quita con menos esfuerzo. Lo explicamos en MFA y phishing en pymes.
  3. Protege y aparca la cuenta raíz. Contraseña larga, doble factor físico si es posible y guardada en un lugar seguro. Solo se usa para lo que de verdad la necesita.
  4. Mínimo privilegio. Cada persona tiene los permisos que necesita para su trabajo, no más. Quien solo consulta la facturación no necesita poder borrar servidores.
  5. Grupos o roles en lugar de permisos sueltos. Asigna permisos a perfiles (“desarrollo”, “facturación”, “administración”) y mete a las personas en el perfil que toque. Es mucho más fácil de mantener.
  6. Accesos temporales para proveedores. Si alguien externo necesita entrar para un trabajo concreto, dale acceso para ese trabajo y retíralo al terminar.
  7. Revisa cada pocos meses. Una lista de quién tiene acceso y con qué permisos. Quien no lo necesita, fuera.

Que quede registro

Además de ordenar los permisos, conviene que todo lo que se hace en la cuenta quede registrado: quién creó, cambió o borró cada recurso y cuándo. Todos los grandes proveedores lo permiten. Si algún día pasa algo, es la diferencia entre saber qué ocurrió y no tener ni idea. Encaja con lo que contamos en qué vigilar en tu infraestructura cloud.

En Alenia Systems, el cloud gestionado incluye la gestión de accesos de tu infraestructura: ordenamos los permisos al empezar y los mantenemos revisados cada mes. Si quieres saber cómo está tu cuenta, pide una revisión gratuita.